Las mujeres del ISIS

Una reflexión sobre la situación en Medio Oriente

Por Facundo Costa

Amira, Shamina y Khadiz tenían entre quince y dieciséis años cuando abordaron en Londres el avión hacia Turquía. Escapaban de sus padres, inmigrantes de medio oriente afincados en Londres, para unirse a la “la guerra santa” declarada por ISIS, el criminal Estado Islámico que tiene en jaque la seguridad mundial.

Una fuente de la inteligencia británica remarca que “No hay que creer que todas las mujeres que se alistan en el ISIS son unas niñas que no saben nada y que se enamoran de una idea que les mandan por un tweet. Son en general, buenas estudiantes o profesionales, astutas e inteligentes, que saben muy bien lo que están haciendo. Eligen formar parte de esa sociedad que, supuestamente, las entiende mejor que en los barrios europeos en los que permanecen segregadas”.

El abogado de las familias explicó que “las chicas tenían un pacto desde hace dos meses y ya habían tenido contacto con una reclutadora que las ayudó a organizar todo. Y el hecho de que una cuarta amiga de ellas haya viajado a Siria y ya estuviera instalada, evidentemente, les dio mucha confianza a las otras tres”.

Desde que entraron al Estado Islámico, poco se sabe de las chicas británicas, salvo que permanecieron durante casi tres meses en una casa de mujeres extranjeras en la ciudad de Raqqa, controladas por agentes de seguridad femeninas que las ayudaron a “purificar sus mentes occidentales”. Más tarde, se conoció que las tres chicas se casaron con milicianos del ISIS.

Hacia fines de 2015, existían más de cuatro mil combatientes europeos y norteamericanos en el ISIS, además de 550 mujeres. Las edades de estas mujeres van desde los trece a los cuarenta y seis años, aunque la mayoría tiene entre dieciséis y veinte. Todas tienen algún tipo de ascendencia musulmana o se convirtieron al Islam en los últimos cinco años. Su nivel educativo es mucho más alto que el de los varones: todas terminaron la escuela secundaria, algunas tienen estudios universitarios y hay varias profesionales, incluidas médicas e ingenieras.

El manual de la buena yihadista establece que el matrimonio y la maternidad son los objetivos primordiales para las chicas jóvenes. Las carreras universitarias deben postergarse. Según el manifiesto dado a conocer por la brigada de control femenino del ISIS, es legal casar a una niña a partir de los nueve años.

Claro que no todas las mujeres del califato se rigen por las mismas reglas. Se considera que hay al menos siete mil mujeres de la etnia yazidí sometidas a la esclavitud sexual por parte del ISIS. Los milicianos tenían la orden de deshacerse de esta minoría y recibieron un incentivo: las mujeres y niñas infieles podían ser sometidas sin ningún reparo.

Nadia Murad Basee Taha, una chica yazidí de 21 años que logró escapar del horror del Estado Islámico, explicó que el objetivo de sus captores "era destruirnos como pueblo y como creyentes, violándonos hasta la muerte”. Sus seis hermanos fueron asesinados junto a más de trescientos hombres de su pueblo. El destino de ella no fue menos macabro: “Me vendieron como esclava a un hombre que me llevó a su casa y me dijo que tenía mujer y una hija. Me tenía encerrada en una habitación y a la noche venía a violarme. Como me resistía, me ataba con un cable de luz. Hasta que un día dejó la puerta sin llave y logré salir pero un guardia me vio y le avisó. Me golpeó y esa noche me hizo desnudar y llamó a seis guardias que me violaron hasta que me desmayé”, relató la joven, que tiempo después logró escapar de manera definitiva.

Paradójicamente, el cristianismo se desarrolló en esta misma región geográfica, pero se opuso a la barbarie de sus coterráneos con un mensaje profundo de respeto hacia el otro más allá de su condición y un ataque feroz al fanatismo religioso. El respeto a la mujer, hoy exhibido como una lucha de nuestra época, fue reivindicado hace dos mil años en hechos y palabras por el propio Jesucristo. Es lamentable pensar que el ser humano no ha logrado asimilar el mensaje superador del verdadero cristianismo, pero también es un desafío para nosotros: tal vez la respuesta a toda esta barbarie no tengamos que buscarla en revueltas revolucionarias, sino en las palabras de un hombre que con sencillez y autoridad supo mostrarnos un camino diferente que muchos pretenden ignorar.