Deudores somos

Una reflexión sobre nuestra actitud hacia el prójimo

Por Salvador Dellutri

La última cena que Jesús compartió con sus discípulos comenzó con un acto insólito: Jesús se ciñó una toalla y lavó los pies de sus seguidores. Esa tarea estaba reservada al último de los siervos; se la consideraba humillante. Los discípulos quedaron tan atónitos que solo Pedro se atrevió a oponerse, aunque sin resultado.

Cuando concluyó, Jesús dijo: “Si yo, el Maestro y Señor, les he lavado a ustedes los pies, también ustedes deben lavarse los pies unos a otros. Yo les he dado un ejemplo, para que ustedes hagan lo mismo que yo les he hecho”. Fue una lección gráfica de toda la profundidad del mensaje del evangelio.

El Señor busca siervos dispuestos a ayudar al prójimo entendiendo que dar asistencia espiritual, emocional o material al que lo necesita es la meta a cumplir. Así lo hacía el Señor, quien declaró que "el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir".

La enseñanza de Jesús va a contramano con los mandatos de una sociedad que genera hombres deseosos de ser servidos para que otros satisfagan todas sus necesidades. Muchas personas se acercan a Jesucristo únicamente buscando negociar con él su felicidad terrenal. Quienes lucran con la fe saben que resulta sencillo vender un Cristo sin demandas que da todo lo que se le pide, aunque en el fondo solo sea una caricatura de factura humana. Reducir el mensaje del evangelio a una mera negociación es negarle toda su trascendencia y profundidad.

El Cristo del evangelio es Señor de todo; por eso, demanda que sus seguidores no sean mendicantes de bendiciones, sino discípulos dispuestos a darlo todo en el servicio al prójimo.

En su formidable biografía del famoso filántropo y educador cristiano William Morris, Bernardo González Arrili recoge de labios del Dr. Bontempi, quien fuera maestro en las escuelas que fundó Morris, un relato notable:

Estaba yo dando una clase de contabilidad, cuando llegó el señor Morris, y, como gustaba hacerlo con frecuencia, se dirigió a los alumnos para preguntarles:

—En la vida, ¿qué quisieran ustedes ser, acreedores o deudores?

Escuchó sonriendo la respuesta de los estudiantes. ¡Todos querían ser acreedores! Morris comentó:

—Dichosos de ustedes. Yo siempre he sido deudor…

La respuesta esta coincide con lo que dice el apóstol Pablo cuando escribe a los cristianos de Roma: "Deudores somos". En nuestra sociedad, todos se creen acreedores con derecho a reclamarle a Dios que los sirva, como si Él fuera el deudor.

Con sencillez y profundidad, Jesús explicó la importancia de estar al servicio del prójimo al poner en boca de uno de los personajes de sus parábolas la sentencia "en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis".