El peso de la culpa

Cuando la culpa domina nuestras vidas

culpa

Por Facundo Costa

La historia de Edipo es bien conocida. Comienza cuando Layo, rey de Tebas, recibe la advertencia de un oráculo: el hijo varón que está esperando su esposa lo matará. Atemorizado, al nacer Edipo lo entrega a un siervo para que lo abandone en el campo. El niño es rescatado por un pastor que lo lleva ante la presencia del rey Polibo, quien lo cría como  si fuera su propio hijo. Pero al crecer, Edipo tiene dudas, de manera que consulta con el oráculo. Esta vez, la pitonisa le dice que mataría a su padre y se casaría con su madre. Ante tamaña revelación, Edipo decide huir a Tebas, sin pensar que es esa decisión la que lo acerca al cumplimiento de su funesto destino. De camino se encuentra con Layo, su verdadero padre y tras una discusión, lo asesina. Después de algunas odiseas, termina casándose con la reina Yocasta, su madre biológica y viuda de Layo.

Finalmente, los avatares del gobierno llevan a Edipo a descubrir poco a poco la verdad. Al enterarse de que, queriendo evitar su destino ha terminado cumpliéndolo a la perfección, se arranca los ojos y se exilia de su propia ciudad con el fin de devolver la paz a los tebanos.

Esta historia, tan trágica, tan cruel, tan despiadada, habla sobre un sentimiento difícil de afrontar: la culpa. El diccionario la define como “la responsabilidad que recae sobre alguien por haber cometido un acto incorrecto”. Para los griegos, era una carga agobiante, porque no encontraban la manera de detener ese sentimiento.

Todos cometemos errores en nuestra vida. Algunos más graves que otros, pero al fin de cuentas, ninguna persona puede jactarse de tener una vida libre de pecados. La perfección está siempre muy lejos del ser humano. Y aunque intentemos honestamente llevar una conducta intachable, la triste realidad es que nuestros errores perjudican a terceros y nos llenan de remordimientos.

Judas es la imagen universal de la traición, pero también es el retrato de un ser carcomido por la culpa. Este hombre le puso precio a la vida de Jesús: treinta monedas de plata. Por ese monto, entregó a las autoridades a su maestro y compañero, pero no solo eso: él mismo lideró al grupo armado encargado de capturar a Jesús. Y es en el momento en el que están juzgando bajo cargos falsos a Jesús, cuando toma consciencia de la magnitud de su pecado y siente remordimiento por lo que ha hecho. Judas habla con las autoridades e intenta devolver el dinero, pero ya era tarde. La muerte de Jesús estaba decidida. La culpa que siente Judas por haber traicionado a su amigo es tan grande que él no puede soportarla y termina matándose.

Judas estuvo tres años al lado de Jesús escuchando sus enseñanzas y viendo como actuaba. Sin embargo, no comprendía la profundidad de su mensaje. Entre las muchas cosas que no entendió, hay una que destacar: no comprendió que el amor de Dios es más grande que nuestros errores. Como dice Juan en su primera carta “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar, y limpiarnos de toda maldad”.

Muchas veces, cometemos errores que nos estancan. Pese a habernos arrepentido, no podemos soportar la culpa y olvidamos que el mayor regalo de Dios es el perdón. Jesús murió en la cruz para liberarnos del pecado. Si nos arrepentimos y hacemos todo lo posible para reparar nuestra falta, Dios siempre está dispuesto a ayudarnos a empezar de nuevo.

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Material extra: La tragedia de Edipo explicada en dibujos.