Honra y respeto

Una reflexión sobre la falta de educación

Por Salvador Dellutri

Enrique Santos Discépolo se anticipó y describió la decadencia de nuestra sociedad cuando escribió:

Hoy resulta que es lo mismo

Ser derecho que traidor,

Ignorante, sabio, chorro,

Generoso, estafador.

Todo es igual; nada es mejor;

Lo mismo un burro que un gran profesor.

No hay aplazaos, ni escalafón;

Los inmorales nos han igualao.

Calificaba todas estas conductas como una falta de respeto y un atropello a la razón. No hace falta ser muy lúcido para comprender lo que quiso decir, ese rumbo es el que sigue hoy la sociedad. Lo malo es que algunos cristianos, en su afán de ser modernos, estar en la onda y no parecer anticuados se involucran en esta decadencia como si fuera normal.

La Palabra de Dios dice: Pagad a todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto; al que respeto, respeto; al que honra, honra. Vuestra gentileza sea conocida de todos los hombres.

El respeto y el buen trato es una cualidad que tiene que dar brillo a la vida del cristiano. Y el respeto a la mujer, al anciano o al que está en autoridad se muestra en primer lugar en el trato.

El jovencito que se acerca a una persona mayor y la tutea no lo hace porque sea moderno y esa sea la costumbre. Lo hace porque es un desubicado a quien los padres no enseñaron cómo tiene que manejarse la convivencia.

Entiendo que en los colegios es una costumbre tutear a los profesores y en muchos casos faltarles el respeto. Esto ha trascendido desde las aulas y hoy vemos el triste espectáculo de adolescentes que se dirigen a personas mayores como si fueran sus pares o vapulean a sus padres sin ningún pudor.

Pero los cristianos no hemos sido enseñados así por el Señor y tanto en la iglesia como fuera de ella nuestra conducta tiene que marcar la diferencia, porque esa también es una forma de dar testimonio como cristianos. Si sabemos que el mandamiento de Dios es mostrar respeto hacia quien merece honra, esto tiene que ser una práctica constante en nuestra vida.

Es muy triste ver a muchachitos  que recién están comenzando a transitar la vida, tutear a personas mayores que peinan canas, como si fuera lo normal. La ley de Dios establecía: Delante de las canas te levantarás, y honrarás el rostro del anciano, y de tu Dios tendrás temor.

Muchos padres han renunciado a educar a sus hijos. Influenciados por las nuevas corrientes educativas creen que poner límites, corregir actitudes o exigir respeto son cosas que frustran. Lo lamentable es que también algunos cristianos parecen olvidar toda la enseñanza de las Sagradas Escrituras sobre disciplina y corrección, y creen más en los psicopedagogos de moda que en los mandamientos del Señor.

Se suele argumentar que “el respeto pasa por otro lado”. Con eso se justifica la mala educación. El argumento es falaz y muestra la ignorancia de quien lo utiliza, porque la primera manifestación de respeto se da por la forma en que nos dirigimos al prójimo. Cuando esto falla, toda la relación se distorsiona.

Doy gracias a Dios por los padres que, comprometidos de verdad con la fe, asumen su papel dando una educación esmerada a sus hijos. Y apelo a la integridad espiritual de todos aquellos que confiesan ser cristianos para que consideren seriamente el tema del respeto por el adulto, la mujer, el niño y todos los que  en diferentes ámbitos están en autoridad.