La oligarquía política

Una reflexión sobre en quién depositamos nuestra esperanza

Por Salvador Dellutri

Miré los muros de la patria mía,

si un tiempo fuertes, ya desmoronados.

Francisco de Quevedo

Terence White, autor de una de las más famosas recreaciones modernas del mito del Rey Arturo, escribió como cierre de su saga una novela titulada El libro de Merlín, una obra muy seria en la que el mago Merlín y el rey Arturo se sitúan más allá del tiempo para echar un vistazo a la eterna lucha del hombre por la justicia.

Con crudeza, Merlín reflexiona:

Actualmente la raza humana se divide, desde el punto de vista político, de la siguiente forma: de cada cien hombres hay uno que es sabio, nueve bribones y noventa tontos. Es un cálculo optimista. Los nueve bribones se reúnen bajo el estandarte del más bribón de todos ellos y se convierten en políticos. El sabio se queda a un lado porque sabe que está en una desesperada inferioridad numérica y se dedica a la poesía, las matemáticas o la filosofía. Los noventa tontos, por su parte, avanzan pesadamente tras los estandartes de los nueve bribones que según las modas, los conducen a los laberintos de la superchería, la malicia y la guerra… Con la democracia, los nueve bribones se convierten en diputados; con el fascismo, se hacen líderes del partido; y con el comunismo, comisarios. Lo único que cambia es el nombre. Los tontos seguirán siendo tontos, los bribones seguirán siendo líderes, y siempre se producirá el mismo resultado: la explotación.

A primera vista, White parecería ser un pesimista; pero si miramos nuestro entorno, veremos que es descarnadamente realista al advertirnos que, bajo cualquier régimen, a pesar de las continuas apelaciones a la palabra democracia y del discurso constante contra los grupos de poder, las naciones siempre han sido manejadas por una oligarquía política.

La Real Academia define oligarquía como la “forma de gobierno en la cual el poder es ejercido por un grupo de personas que se aúnan para mantener o aumentar sus privilegios”. Definición que cae como anillo al dedo para la corporación política: siempre desfilan los mismos personajes, aunque con diferentes disfraces, para alternarse en el centro de la escena. El objetivo es alcanzar el poder y para lograrlo, cambian sus ideas para adecuarlas al gusto del público.

La verdad, como en el teatro, está entre bambalinas. Ahí se negocian privilegios, intercambian espacios de poder y compran voluntades; todos forman una cofradía que defiende sus derechos de clase. Eso les permite amasar increíbles fortunas y vivir en forma versallesca mientras parte de la población se va empobreciendo.

En su novela, White no ve salida: “Los tontos seguirán siendo tontos, los bribones seguirán siendo líderes, y siempre se producirá el mismo resultado: la explotación”.

El Señor Jesucristo sentenció tristemente: “A los pobres siempre los tendréis con vosotros”, señalando que estando presente el mal y la corrupción no existe un camino viable de salida. Porque el problema no está en lo económico o social, sino en lo espiritual. Nos hemos alejado de los principios de Dios, creamos una cultura centrada en nosotros mismos; el resultado es una sociedad injusta, cada vez más violenta y que parece no encontrar el rumbo correcto.

Miramos a la izquierda, a la derecha, al centro… pero no encontramos la salida. ¿No habrá llegado la hora de dejar de mirar hacia los costados y mirar hacia arriba?