Paz en la dificultad

Una reflexión sobre nuestros miedos


Por Claudio Nava

Estaban escondidos. Las puertas se hallaban trancadas. Tenían miedo, mucho miedo. Su maestro, por quien lo habían dejado todo, había sido apresado, juzgado y ejecutado. Todo el aparato policial, judicial y gubernamental estaba en su contra. ¿Serían ellos los siguientes? Durante las últimas semanas, muchísimas personas los habían visto junto al maestro y conocían perfectamente que eran sus seguidores... También se hallaban sumidos en la más profunda incertidumbre. Habían abandonado todo por seguirlo durante tres años –casa, familia y trabajo– y durante ese tiempo se forjaron maravillosos planes para el futuro, pero ese día comprendieron que todo había quedado en la nada. ¿Qué sería de ellos ahora? ¿Qué deberían hacer?

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Frecuentemente el miedo y la incertidumbre atacan la vida de todo ser humano; en algunos casos, en forma casi permanente. Con más razón sucede  a quienes vivimos en Argentina: tanto al conversar con vecinos como al escuchar las noticias, se percibe claramente que  existe cierto sentimiento de temor e incertidumbre generalizado.

El escritor Miguel Wiñazki lo retrató con precisión: “En la Argentina todos tenemos miedo. Tenemos miedo de caminar, de manejar, de ir a un cajero, de la ruta, de la noche y también del día, miedo de la burocracia que nos ahoga, miedo del dinero que no alcanza, miedo del futuro y miedo del presente. El temor no es infundado. Vivimos bajo el fuego de la incertidumbre”.

El miedo que sentimos hoy no es un sentimiento irracional e infundado; los constantes actos de inseguridad no son imaginarios, sino bien reales. No afectan solo a grandes bancos o a personas acaudalas: azotan tanto al que estaciona su auto en su garaje como al que camina rumbo a su trabajo. Al miedo a la inseguridad debemos sumar un segundo temor, el miedo a la situación económica. Tememos que la crisis económica persista o surja otra de mayor gravedad. Sabemos que de ocurrir, nos veríamos gravemente afectados laboral y familiarmente. Para peor, al enfrentar un año de elecciones, contamos con menos certezas; ignoramos cuáles serán los resultados electorales y desconocemos los rumbos políticos y económicos que tomará el gobierno electo.

A pesar de esto, no nos detenemos: no podemos darnos ese lujo, sino que continuamos levantándonos cada mañana, trabajando, estudiando, atendiendo las necesidades familiares; pero lo hacemos cargando sobre nosotros la mochila del temor y la incertidumbre. Lo tomamos como natural, pero, ¿debemos acostumbrarnos a vivir así o existe alguna forma en que podamos deshacernos del temor y la incertidumbre?

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Inesperadamente una persona traspasó la puerta cerrada e irrumpió en el escondite sorprendiendo a los discípulos. Era Jesús. Era el Cristo resucitado, vencedor sobre todo el aparato poderoso que lo había condenado. Y sus palabras fueron las palabras precisas que necesitaban oír los discípulos dominados por el temor y la incertidumbre: “Paz a vosotros”. Y todo cambió. Después de compartir cuarenta días con Jesús, los discípulos pudieron plantarse en el centro de Jerusalén sin temor ante la multitud para testificar de su esperanza y fe en Cristo.

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Nuestro entorno no mejorará en lo inmediato. En el corto plazo, es difícil que pueda producirse un vuelco positivo en relación a la inseguridad, la crisis económica y tantos otros problemas que nos afligen. Sin embargo, es posible vivir en paz y dejar la carga de la incertidumbre abriendo la puerta de nuestra vida a Cristo. Solo en su compañía lograremos acostarnos cada noche en paz.