Hakuna matata

Una reflexión sobre la falta de responsabilidad

Por Salvador Dellutri

Dos motochorros terminaron su raid delictivo en manos de la policía. No eran carenciados ni vivían en un barrio de emergencia; por el contrario, pertenecían a la clase media alta. Uno de ellos es hijo de una conductora radial y televisiva; el otro, de un diplomático. Con esto se desmiente esa identificación clasista que sostiene que los delincuentes pertenecen al segmento más pobre de la sociedad. Este hecho descorrió el velo de la delincuencia en la clase media alta, hasta ahora siempre silenciada.

No delinquieron por dinero: tenían más de lo necesitaban. Cuando los detuvieron, bromearon mostrando sus esposas; en la indagatoria, contestaron como maleducados. ¿No sabían que la pena podía oscilar entre tres y diez años de cárcel? Tal vez creyeron que la impunidad es una institución argentina que siempre ampara a la elite mediática y a los miembros de la oligarquía política.

Queda flotando el interrogante de por qué lo hacían. Una psicóloga arriesga una explicación: necesitaban una descarga de adrenalina para salir del aburrimiento. Puede ser, pero hay razones más profundas.

Los hijos del poder que no necesitan trabajar, porque sus padres les proveen de todo, menos de lo más importante: valores. Viven para la diversión, el exceso y el atropello del prójimo. Son la generación hakuna matata.

Hakuna matata es una famosa canción de la película El Rey León. Su título parte de una expresión sacada de la lengua suajili, hablada por una etnia africana de Tanzania y Kenia. Significa “No te preocupes y sé feliz”.

El film cuenta la historia de Simba, heredero del león Mufasa, quien reina sobre todos los animales. Su padre lo instruye en las responsabilidades del reino pero Scar, hermano de Mufasa, urde una trama siniestra para matar a su hermano y quedarse con la corona: planea una estampida que arrolla a Mufasa. Scar hace culpable a Simba de la muerte de su padre. Abrumado por la culpa, el joven león huye al desierto y allí se encuentra con Timón y Pumba, una suricata y un jabalí africano que cantan “Hakuna matata”, reflejando su filosofía de vida.

La traducción literal de la canción es:

Hakuna matata

que frase tan maravillosa.

Hakuna matata

no es ninguna locura pasajera.

Significa cero preocupaciones

para el resto de tus días.

Es filosofía libre de problemas.

Y es este el principio de vida de estos jóvenes motochorros VIP: despreocuparse y tratar de satisfacer todos sus apetitos aún a costa de la infelicidad ajena. Por eso, atropellan a quienes se cruzan a su paso y se burlan de la justicia. Son el resultado de familias disfuncionales que no disciplinaron y castigaron a tiempo, haciéndoles creer que la sociedad tiene una deuda con ellos por lo cual pueden buscar la satisfacción a cualquier precio. Ahora tendrían que sufrir la disciplina y el castigo de una sociedad a la que agredieron y menospreciaron.

En El Rey León, Simba reflexiona, renuncia a la filosofía fácil y regresa a su tierra, de la que huyó cobardemente, para reencausar su vida, asumir responsabilidades y ocupar su lugar en la historia. Descubre que la felicidad se alcanza cuando admitimos que la vida tiene exigencias y obligaciones, hay normas que cumplir y prójimos que deben ser respetados.

Quiera Dios que la experiencia final de Simba sea ejemplo para los muchos adolescentes y jóvenes que creen que la vida es solo hakuna matata.