Percepciones

Una reflexión sobre la visión espiritual

Por Lucas Campisi

Seguramente, antes de leer estas líneas, usted se detuvo a ver la imagen central de este artículo. La pregunta que deberá contestar ahora es si observó, a primera vista, el rostro de una muchacha o el de un anciano. Luego de mirar la ilustración, algunos habrán percibido a la mujer con el pelo recogido y otros, al hombre con un frondoso bigote y nariz prominente.

¿Por qué se produce este efecto? ¿Por qué algunos notan una realidad y otros ven algo diferente? Este efecto se conoce como ilusión óptica.

Una ilusión óptica es una imagen que engaña al sistema visual, desde el ojo al cerebro, y lo lleva a percibir la realidad de forma distorsionada. Pueden crearse de forma natural o bien ser producto de efectos visuales específicos. En general, las utilizamos como divertimento. Estas particulares ilusiones se producen cuando observamos varias formas en una única imagen y nuestra mente entra en conflicto: percibimos la información del exterior, que luego es procesada y modificada por nuestro cerebro.

La magia de las ilusiones ópticas se da cuando la imagen logra engañar al cerebro. Este únicamente se encuentra preparado para establecer relaciones entre ciertos hechos visuales con conceptos de distancia y profundidad. Las ideas y pensamientos reflejan la realidad del universo que nos rodea; la ilusión se genera porque nuestro sentido del tamaño y la perspectiva se confunde. Una muestra gráfica de esto son, por ejemplo, las líneas diagonales que crean una ilusión de perspectiva y producen una sensación de profundidad donde no la hay.

Pero el cerebro  no cuenta  con la capa-

cidad para administrar todos los estímulos visuales que recibe; la mente se ve obligada a tomar un atajo, asumiendo la interpretación que le parezca más lógica. Lo cierto es que nuestros ojos pueden  engañarnos y hacernos ver cosas que no son reales.

Más allá de estos juegos, cada uno de nosotros percibimos el mundo de acuerdo a nuestros sentidos, nuestra historia y nuestro pensamiento. De esta manera, ante una misma realidad, dos personas pueden enfocarla desde puntos de vista completamente opuestos.

Cuenta la Biblia que Jesús, ya próximo a ser crucificado, fue a visitar a sus amigos Lázaro, Marta y María. En el momento de la cena, María ungió a su Maestro con un perfume muy valioso. Este gesto era considerado la mayor muestra de respeto en aquella época.  En la misma habitación se encontraba Judas, quien reaccionó diciendo que ese perfume se había desperdiciado y podría haberse vendido para dar el dinero a los pobres.

Lo que tenemos en esta historia son dos percepciones de una misma realidad: María entendió que estaba en presencia del Hijo de Dios y decidió adorarlo; Judas tenía una visión terrenal y solo pensaba en el desperdicio de aquel valioso perfume. Al ver esto, Jesús, intervino pidiendo que no molestasen a la mujer y la dejasen continuar con su adoración, defendiendo a quien es atacada por su causa, mientras que el resto de los presentes solo se quedan en la crítica. Jesús pone claridad sobre ambas percepciones y da una enseñanza a quienes estaban en aquel lugar.

Cristo nos da visión espiritual para percibir la realidad en toda su dimensión. El problema es que nosotros podemos distorsionarla o bloquearla: la utilización de la visión espiritual depende de nosotros; podemos usarla y, como María, movilizarnos a comprender la profundidad del mensaje y la persona de Jesús, o podemos distorsionar la realidad como Judas, que se quedó con la cáscara y eso lo llevó a la amargura. La decisión depende de cada uno.