10 lecciones para la vida cristiana – parte 1

Una serie de consejos para nuestra vida

Por Oswald Chambers

  1. Servir al prójimo

Si nuestra consagración es a la humanidad, rápidamente seremos derrotados y quebrantados porque a menudo enfrentaremos mucha ingratitud por parte de los demás. Pero si somos motivados por el amor a Dios, ninguna ingratitud podrá impedir que nos sirvamos unos a otros. El secreto de la determinación de Pablo para servir a otras personas estaba en su entendimiento personal sobre la manera en que Jesucristo había tratado con él. Cuando nos damos cuenta de que el Señor nos ha servido hasta el extremo de nuestra mezquindad y egoísmo, nada de lo que podamos recibir de los demás podrá agotar nuestra determinación de servirlos por amor a Él.

  1. Éxito

Como obreros cristianos, la mundanalidad no es la trampa más peligrosa para nosotros, ni tampoco el pecado. Es el deseo inmoderado de obtener éxito espiritual, es decir, el éxito cuyo molde y medida es la época religiosa en que vivimos. Jesús les dijo a sus discípulos que no se alegraran por el éxito en su servicio y sin embargo, esto parece lo único en lo cual la mayoría de nosotros nos regocijamos. Tenemos punto de vista comercial: Contamos cuántas almas se han salvado y santificado, damos gracias a Dios y luego pensamos que todo está bien. Pero nuestro trabajo parte del fundamento que la gracia de Dios ya ha colocado. Nuestro deber no es salvar almas, sino discipularlas.

  1. Tener determinación

Si sólo realizáramos lo que nos sentimos inclinados a hacer, algunos de nosotros nunca haríamos nada. Existen personas totalmente inútiles en el reino espiritual porque son espiritualmente indecisas y débiles y se niegan a hacer algo, a menos que se encuentren inspiradas de una manera sobrenatural. La prueba de que nuestra relación con Dios marcha bien es que nos esforzamos al máximo, nos sintamos inspirados o no.

  1. Dejar el pasado atrás

Dejemos que el pasado duerma, pero que duerma en el pecho de Cristo. El pasado nos muestra daños irreparables. Es cierto que hemos perdido oportunidades que nunca volverán, pero Dios puede transformar esta ansiedad destructiva en una constructiva reflexión para el futuro. Dejemos que el pasado duerma, pero que duerma en el pecho de Cristo. Abandona el pasado irreversible en las manos de Dios y avanza hacia el irresistible futuro con Él.

  1. Quebrantamiento

Lo primero que Dios hace es fundamentarnos en la dura realidad, hasta que no nos interese lo que pueda pasarnos individualmente, con tal de que logre hacer su voluntad con respecto al propósito de su redención. ¿Por qué no sufriremos quebrantamientos de corazón? Por medio de esas puertas Dios está abriendo camino de comunión con su Hijo. La mayoría de nosotros cae y desfallece ante el primer golpe doloroso. Nos sentamos en el umbral del propósito de Dios y nuestra luz se va extinguiendo por la autocompasión, con la ayuda de toda la supuesta compasión cristiana de otras personas en nuestro lecho de muerte. Pero Dios no hará lo mismo. Él se acerca y nos aprieta con la mano herida de su Hijo, diciendo: “Entra en comunión conmigo; levántate y resplandece”. Si por medio de un corazón quebrantado Dios puede llevar a cabo sus propósitos en este mundo, entonces, ¿Porqué no darle gracias por haber quebrantado el mío?