Fair play

Una reflexión sobre la integridad

Por Facundo Costa

Días atrás, un entrenador argentino de fútbol que trabaja en Inglaterra fue noticia en el mundo por ordenarle a sus dirigidos que se dejaran hacer un gol. Marcelo Bielsa, DT del Leeds United, lo explicó de la siguiente manera: “No les regalamos el gol, se lo devolvimos. Los hechos son los que se vieron. En el fútbol inglés la forma de actuar es un valor”. El equipo que dirige Bielsa —que peleaba la segunda plaza para ascender a la Premier League—  se puso en ventaja mientras un jugador rival pedía asistencia médica. En estos casos, el juego limpio exige tirar la pelota afuera para que se atienda a quien se ha lastimado. Pero el Leeds desestimó el fairplay, encaró hacia el área y se puso uno a cero. Tras esto, el entrenador argentino les ordenó a sus jugadores que se dejaran hacer un gol para compensar.

The Times, uno de los diarios más prestigiosos de Inglaterra, tituló “El noble de Bielsa le hace un favor al fútbol”. Su accionar sumó muchos adeptos que destacaron su ética y moral. También hubo algunas voces detractoras que se escandalizaron por lo sucedido, indicando que lo hecho por Bielsa iba en contra de lo que le enseñan a un deportista de élite: competir para ganar. El sabio Salomón destacó la nobleza de las personas hace mucho tiempo en sus proverbios cuando dijo que “ciertamente no es bueno condenar al justo ni herir a hombres nobles que actúan rectamente”.

Hace ya varios años, Sergio Vigil —por entonces entrenador de la selección femenina de Hockey sobre césped— detuvo un partido para avisarle a los jueces que habían omitido cobrar un gol lícito para su rival Alemania. La bocha había traspasado la red, que estaba rota, y la jueza no lo había notado. Vigil explicó: “Ante mi consulta, mis jugadoras me dijeron que había sido gol. Y lo único que tiene que hacer el entrenador es decirle al árbitro: “Fue gol”, y punto. Argentina es un país exitista. Y el día que triunfen los valores, esa va a ser una gran lección”. Un tiempo después, en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004, Argentina convierte ante Holanda un gol que no era legítimo. Los jueces no notan la irregularidad de la situación y convalidan el tanto. Vigil, viendo el reclamo de las holandesas, consulta nuevamente a sus jugadoras, quienes lo tranquilizan asegurando que el gol valía; significaba el empate de Argentina. Vigil reflexiona: “Cuando no es gol no se gana. Después fuimos a suplementario y perdimos por penales. Está bien que suceda eso”.

La última frase choca de frente contra la realidad que nos toca vivir a los argentinos cada día. ¿Está bien separar al deporte de la vida? ¿Puedo competir —o trabajar o estudiar— infringiendo normas y valores y a la vez vivir respetando honestamente a los demás? ¿Puedo disociar mi vida en diferentes ámbitos? ¿Ser desleal en un aspecto y honesto en otros?

Como sociedad, nos debemos un autoanálisis: un alto para pensar hacia dónde queremos ir, reconociendo que no siempre nos conducimos con rectitud, siendo la integridad de una persona un valor que nadie debería negociar. Si llamamos bueno a lo malo, aunque sea en un ámbito lúdico o deportivo, empezaremos a caminar en territorios sombríos de los que es difícil regresar. La base de un correcto obrar radica en asumir qué cosas están bien y qué cosas están mal, virtud que nos permitirá comprender nuestros propios errores, asumir nuestra condición, trabajar en la humildad y acercarnos a un Dios único y personal.