Referentes

Una reflexión sobre los referentes de nuestra sociedad

Por Lucas Campisi

A lo largo de la historia, el deporte argentino dio reconocidos deportistas que con sus proezas asombraron al mundo: Fangio, Monzón, Vilas, De Vicenzo, Sabatini, Maradona y actualmente, Messi. Sin embargo, ninguno fue tan completo como el número 20 de los San Antonio Spurs: Emanuel Manu Ginóbili, un hombre que trascendió en un deporte no tan popular en nuestro país: el básquet. Pero, no solo nos deslumbró con lo que supo hacer dentro de una cancha, sino lo más importante fue lo que consiguió fuera de ella: una vida simple y familiar, lejos de los escándalos, bien planeada, con los pies sobre la tierra, transmitiendo valores nobles.

El 27 de agosto del año pasado, con 41 años, decidió ponerle fin a su carrera deportiva, luego de 17 temporadas consecutivas en el nivel más alto de la NBA. Fue homenajeado de manera especial: los directivos de la franquicia San Antonio Spurs quitaron para siempre la camiseta número 20, para que ningún jugador la utilizara. Este reconocimiento fue para unos pocos: solamente ocho basquetbolistas en toda la historia de San Antonio vieron elevar su camiseta hasta el techo del estadio. Obviamente, fue el primer argentino en conseguir tamaña distinción en un país tan reticente a los extranjeros.

Entre sus logros más importantes encontramos los cuatro títulos de NBA en 2003, 2005, 2007 y 2014, y las medallas de oro con la selección argentina en los Juegos Olímpicos de 2004 y de bronce en 2008.

Hace un tiempo, cuando le preguntaron cuáles eran las claves de su éxito deportivo, enumeró una serie de premisas que lo acompañaron desde sus inicios: “Lo primero que debemos hacer es ponernos un objetivo y no dejarnos distraer. También es fundamental saber qué pasa a nuestro alrededor, qué necesita el equipo. Lo tercero es saber relegar el lucimiento personal en beneficio del equipo. Otro punto importante es disfrutar de jugar con los compañeros, disfrutar del triunfo de ellos, más allá de lo que uno haga. Por último, debemos entender nuestras limitaciones: hay momentos donde no se puede todo”.

Lo más impactante para el gran publico tal vez sean sus logros deportivos, pero lo más sustancioso de este personaje está fuera del terreno de juego. Porque en un ambiente que puede marear a cualquiera, supo mantenerse enfocado y equilibrado: las circunstancias no lo llevaron a quebrantar sus valores.

En medio de tanta inmoralidad y decadencia, es importante que se levanten estandartes que sirvan de referencia para los demás. Necesitamos ser imitadores de lo bueno, para transformar nuestra realidad. Los referentes son indispensables para el desarrollo social, pero además son su espejo: nuestros héroes muestran hacia dónde queremos llegar, cuáles son nuestros valores y códigos.

Tal vez sea el momento de darnos cuenta de que nos hemos equivocado al levantar demasiados ídolos con pies de barro. Pensar que hombre y obra pueden separarse es un error que nuestra sociedad comete cada vez con más frecuencia. Ser capaces de evaluar a la persona en la integridad de su vida es una tarea que todos debemos proponernos, aprendiendo con sabiduría espiritual a retener lo bueno y desechar lo malo.