La pregunta incómoda

Una reflexión sobre el sentido de nuestra vida

Por Salvador Dellutri

La leí por primera vez hace varios años; es una frase que siempre vuelve a dar vueltas en mi cabeza. Y cada vez que reviso esta historia, esa pequeña pero poderosa frase me estremece. “¿Y quién sabe si para esta hora has llegado al reino?”. Tiene que ver con el sentido de la vida. Tiene que ver con el sentido de la responsabilidad cristiana. Con el valor que debe asumir una persona para jugársela por su fe sin pensar en el resultado final ni en las consecuencias. Acerca de por qué y para qué estamos en el lugar que estamos. Es la historia de Ester, una joven judía que llega a ser reina del imperio Persa en un contexto desfavorable para su pueblo. Una mujer que debió dejar la comodidad del palacio real para arriesgar su vida por salvar a su pueblo. Es la historia de Ester pero podría ser también la historia de Juan el Bautista, de Daniel o de tantos hombres y mujeres que entendieron por qué estaban en el lugar que estaban.

Todos formamos parte de diferentes grupos de personas con las que nos vinculamos de manera cotidiana. Personas que vamos conociendo y con las que entablamos una relación y que tal vez no conocen a Cristo.

Por un problema que involucraba a Mardoqueo, tío de Ester, y a Amán, mano derecha del rey Asuero, el pueblo judío sería exterminado por intermedio de un decreto. La historia de Ester nos enseña que salir de la comodidad cuesta pero vale la pena. Ser cristiano es también esto: dejar la comodidad y jugármela por la fe. Y esto implica pagar un precio; Jesús pagó el suyo por nosotros en la cruz. Ester estuvo dispuesta a pagar el precio, aunque podría haber muerto. La primera pregunta que me plantea la historia de Ester es si estoy dispuesto a pagar el precio de ser un hijo de Dios. Tal vez será tolerar determinadas cosas en mi lugar de trabajo o aguantar otras con las que tendré que lidiar. Tal vez será dejar de lado algunas cosas que hoy tienen un lugar más importante en mi vida que la propia relación con Dios. Ser cristiano es también aprender a sufrir. Dios le dijo a Ananías acerca de Saulo, apenas un tiempo después de encontrarlo en el camino a Damasco: “Yo le mostraré cuanto le es necesario padecer por mi nombre”. ¿Estoy dispuesto a pagar el precio de ser un cristiano?

¿Por qué Dios me puso en el lugar donde estoy? Esta es una pregunta que quizá muchas veces nos hemos hecho. Y no sabemos si Ester se la hizo a ella misma, pero sí que Mardoqueo le realizó esta incomoda pregunta a la reina Ester. “¿Y quién sabe si para esta hora has llegado al reino?” Es un interrogante profundo porque nos habla de los motivos por los que debemos actuar en el lugar donde estamos. Mardoqueo sabe que hay un propósito, que el lugar que Ester ocupa tiene un sentido más allá de lo que ella pueda pensar. Mardoqueo le dice: Estés donde estés, vos sos parte. Quizá este era el motivo de que te hayan elegido reina, para que ahora salves a tu pueblo. Si no, ¿para qué estás en el lugar donde estás? Ester inmediatamente enciende el motor de las excusas como solemos hacerlo nosotros: no puedo, no debo, no me dejan o no me van a oír.

¿Para qué estamos en el lugar dónde estamos? ¿Alguna vez te lo preguntaste? Jesús estuvo en el mundo; tenía bien claro el motivo por el que estaba en este lugar. Siempre lo tuvo presente y su vida y su mensaje giró en torno a esto: “No he venido a llamar a justos sino a pecadores”. Él buscaba a los necesitados.

Hay un motivo y Dios tiene un propósito para sus hijos. Nos dejó un legado y nos puso en un lugar determinado. Estemos donde estemos, somos parte de ese propósito. ¿Vos crees de verdad que estás ahí por casualidad? Dios quiere usarte en ese lugar. Ester estaba convencida de que actuar era lo correcto . La primera pregunta que Ester tuvo que responderse a sí misma era que significaba Dios para ella. Cuando lo supo, entendió que valía la pena pagar el precio de ser su hija.

Los cristianos estamos para llevar el amor de Dios a otros que no lo conocen. La segunda pregunta que te hace la historia de Ester es quién es Dios en tu vida. Si todavía no te hiciste esta pregunta, hoy es el día. La única forma de poder ser luz en el lugar que Dios nos puso es si primero lo aceptamos en nuestro corazón.