Esperar sin desesperar

Una reflexión sobre nuestra esperanza

Por Facundo Costa

Hace unos meses se estrenó en nuestro país la cuarta entrega de Toy Story, la primera creación de Pixar.  La nueva película se convirtió en la más vista en la historia del cine en Argentina: en solo tres días alcanzó los dos millones de espectadores; pasados dos meses de su estreno, está a punto de superar los seis millones en nuestro país. Con la fiebre que genera no solo en niños sino también en personas que crecieron junto con sus personajes, Toy Story 4 vuelve a reunir a Woody, Buzz Lightyear y todos los personajes de la saga en una nueva aventura. Para aquellos que no están familiarizados con la historia, hay que decir que la saga se estrenó en el año 1995 siendo el primer largometraje de animación realizada por computadora.

Además de la amistad, la lealtad y el amor, Toy Story toca a lo largo de sus películas algunos temas sensibles para cualquier franja etaria como lo es el paso del tiempo, el miedo a la soledad y a ser olvidados. Andy, el niño que juega e imagina locas aventuras con sus juguetes, va creciendo y eso representa para los personajes una dificultad: a medida que los años pasan, un Andy adolescente y con nuevas inquietudes juega menos tiempo con ellos. “No puedo evitar que Andy crezca, pero no me lo perderé por nada del mundo”, reflexiona Woody, el alguacil y principal personaje de la historia, haciendo referencia al paso del tiempo.

Roberto Musso, compositor y voz de la banda uruguaya El Cuarteto de Nos, se enfoca en este tema con su canción “Como pasa el tiempo”.

Voy contemplando cómo pasa el tiempo
Al mismo tiempo, rápido y lento
Mezcla de dualidad y cinismo
Miro el reloj y me dice ahora mismo
Sé que ni un segundo va a devolverme.

El paso del tiempo y la imposibilidad de controlarlo es algo que nos inquieta. Descubrir que las metas y los sueños proyectados cuando jóvenes no se cumplen mientras la vida transcurre y los años pasan es, para muchos, un motivo de tristeza y desaliento. Asombrarnos al ver cómo nuestros hijos se hacen hombres y mujeres, crecen y se independizan es, además de un motivo de alegría, un recordatorio de que los años corren. Los hijos están programados para soltar y los padres, para retener. Y en esa dicotomía se encuentra uno de los dilemas de la vida para todo padre que ve a sus hijos dejar el nido: ¿Y ahora qué?

El sabio Salomón aborda este tema en el libro del Eclesiastés cuando nos explica que “todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. Tiempo de nacer y tiempo de morir; tiempo de plantar y tiempo de arrancar lo plantado (…) tiempo de llorar y tiempo de reír.” Su mensaje fue claro: en la vida hay tiempo para todo, el tema es saber verlo y ser capaz de aprovecharlo.

Vivimos en una sociedad que, alborotada por el tiempo presente, prescinde de mirar más allá de las ocupaciones cotidianas. Tenemos tiempo para todo, menos para pensar en la eternidad y trascendencia. Sin embargo, cuando nos detenemos a reflexionar en nuestro futuro más allá de esta vida, nos encontramos con el silencio, con la pregunta sin respuesta, con la desesperanza. El paso del tiempo y el hecho de no saber qué va a ser de nosotros el día de mañana se convierte en un motivo de angustia. Las personas que no encuentran un motivo valedero para vivir su vida con plenitud —a pesar de buscarla infructuosamente en cuanto placer proponga nuestra sociedad— no logran llenar ese vacío que se hace dolor en el alma.

Para aquellos que depositamos nuestra confianza en Dios, el paso del tiempo no es algo que nos corte la respiración ni nos inquiete. A contramano de lo que vive y sufre una persona sin Jesús, los cristianos entendemos a esta vida como la estación previa al momento de encontrarnos cara a cara con Él. Y por eso nuestra vida está llena de esperanza: una esperanza real, vívida y concreta que hace que cada día que pasamos en este mundo lo vivamos con plenitud teniendo la certeza de que lo que nos espera es siempre mejor.