Actitud Batman

Un desafío diario

Por Lucas Campisi

Le propongo que vuelva por un instante a su infancia y que recuerde cuál era su superhéroe favorito. Es probable que haya leído sus cómics, lo haya visto en la televisión e incluso haya asistido al cine para ver sus aventuras. Ante la propuesta, quizá usted pensó en Superman, el Hombre Araña, el Capitán América, la Mujer Maravilla y tantos otros. Yo pensé en Batman.

El Caballero de la Noche, como suele ser apodado, fue creado por el autor estadounidense de origen judío Bob Kane en 1939. Su primera aparición tuvo lugar en la revista Detective comics número 27 en mayo de ese año. La primera aventura del encapotado se tituló “El caso del sindicato químico”. Cuenta la leyenda que en un primer boceto, Kane dibujó a Batman con un traje que combinaba el rojo y el negro, sin guantes, con un pequeño antifaz y con alas que sobresalían por detrás de su espalda. Fue su compañero Bill Finger quien le sugirió cambiar los colores por gris oscuro, suplantar la máscara por una capucha con hendiduras en los ojos y reemplazar las aparatosas alas por una capa larga con puntas triangulares.

Ante el éxito y la rápida aceptación por parte del público, Batman llegó a la televisión en 1943 y años más tarde se estrenó la serie Batman y Robin. Promediando la década del ‘60 se puso en el aire la serie televisiva titulada Batman, en la que el personaje era mucho más inocente, no tan sombrío como en sus primeros años. Es en 1989, cuando el encapotado recupera ese tono oscuro y violento en la película dirigida por Tim Burton.

La historia de este personaje transcurre en ciudad Gótica. A diferencia de otros superhéroes, Batman vive en una ciudad imaginaria. Sin embargo, tiempo más tarde, la editorial mandó a diseñar los planos, que ahora existen como si fuese una ciudad real.

Ciudad Gótica contiene todas las complejidades de una gran capital que Batman o Bruno Díaz debe enfrentarse a diario. Es en esta ciudad convulsionada que el pequeño Bruno pierde a sus padres: al salir del cine, son asesinados delante de sus ojos. Lejos de llenarlo de odio, rencor y resentimiento, este trágico episodio lo moviliza a intentar llevar justicia al mundo. Desde pequeño, logra canalizar esa situación negativa haciendo el bien y defendiendo al débil. Transforma esa circunstancia negativa, que podría haberlo hundido en el odio, en algo positivo, que beneficia al que tiene al lado.

Quizá puede sonar algo irreal que una persona que sufrió tanto desde temprana edad pueda luego transformar ese dolor en algo bueno. Sin embargo, en el Antiguo Testamento, la Biblia nos cuenta que unos 2000 años antes de Cristo, José, uno de los hijos de Israel, quien fue vendido como esclavo por sus hermanos cuando era pequeño, porque envidiaban que fuese el favorito de su padre.

Su destino fue Egipto. Allí fue encarcelado injustamente y olvidado. Tiempo después es reconocido por el faraón, a quien le interpreta sus sueños y se transforma en su mano derecha. José pasó a ser el administrador de toda la región, lo que le permitió ayudar a su familia y a su pueblo a afrontar la hambruna que estaba sufriendo la zona. De esta manera, logró superar el rencor hacia sus hermanos que lo habían vendido y les ofreció bien por mal, salvándoles la vida.

Pero no es necesario irnos tan lejos en la historia. Luego del atentado en el teatro Bataclan en París en 2015, un periodista francés que perdió a su esposa, asesinada allí, escribió una carta abierta dirigida a los terroristas:

Yo no les daré el regalo de odiarlos. Ustedes lo han buscado pero responder al odio con la cólera sería ceder a la misma ignorancia que ha hecho de ustedes lo que son. Quieren que yo tenga miedo, que mire a mis conciudadanos con sospecha, que sacrifique mi libertad por la seguridad. Perdieron. El mismo jugador sigue jugando.

Somos dos, mi hijo y yo, pero somos más fuertes que todos los ejércitos del mundo. No tengo más tiempo para darles, tengo que ir a cuidar de Melvil que se despertará de su siesta. Tiene apenas 17 meses y como cada día comerá su merienda y después iremos a jugar como siempre. Toda su vida este niño les hará la afrenta de ser feliz y libre. Porque no, tampoco tendrán su odio.

El odio, el resentimiento, el deseo de venganza y la queja se expanden en el mundo. Lo vemos a diario en las calles. Nuestro desafío es ser más grandes que la circunstancia y llevar el bien y un mensaje de amor y esperanza a quienes nos rodean.