No todo es descartable

En una sociedad veloz, hay principios que se deben mantener.

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Por Salvador Dellutri

Hubo un hombre de quien se puede decir con propiedad que le cambió la cara a la humanidad. Esta persona tuvo que, a los dieciséis años, salir a buscar trabajo porque la casa familiar se había incendiado. Lo empleó un inventor, quien viendo las ambiciones y capacidad del muchacho, le dio un consejo: “Para hacerte rico, tienes que inventar algo que la gente use y tire, porque los clientes tendrán que volver por más”. El joven tomó el consejo al pie de la letra e inventó la máquina de afeitar con hojas removibles. Se llamaba King Gillette; su apellido se convirtió en una de las marcas más reconocibles de la historia contemporánea. Los hombres abandonaron las incómodas y peligrosas navajas y adhirieron masivamente al nuevo invento, lo que convirtió al joven emprendedor en un hombre de amplia fortuna.

El sabio consejo del inventor cundió, las empresas vieron la importancia del negocio y se abocaron a fabricar productos baratos y desechables. Hoy vivimos en el tiempo de lo descartable: vajilla, envases, servilletas, pañuelos, guantes, pañales, bolsas. El lema de nuestra sociedad es “use y tire”.

El sociólogo y filósofo francés Gilles Lipovetsky sostiene que vivimos en el imperio de lo efímero, una sociedad donde nada es durable y permanente, todo es provisorio y perecedero. Nos acostumbramos tanto a lo descartable que muchos han universalizado la variante y creen que hasta el matrimonio y la familia puede ser desechadas. Con mucha frivolidad y una dosis superlativa de ignorancia, la gran mayoría, inducida por los medios de comunicación, cree que el aumento de divorcios y uniones informales o pasajeras es una forma de evolución, cuando en realidad es el fruto de la inmadurez, lo que evidencia una alarmante involución social que conlleva funestas consecuencias. No todo es descartable y la familia, por el papel que cumple como base de la sociedad, necesita permanecer en el tiempo para lograr sus objetivos.

El Señor Jesucristo, interrogado sobre el tema,  subrayó la importancia de remitirse a las leyes establecidas por Dios en el principio. En el Génesis se determina que la unión matrimonial debe ser monogámica, heterosexual, permanente y de roles diferenciados y Jesús subrayó: “Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre”.

Muchos matrimonios, cuando tienen que afrontar dificultades en vez de buscar soluciones, admitir errores, dialogar o buscar la mediación de alguien con la madurez suficiente para ayudarlos, optan por la ruptura. Eso es síntoma de inmadurez, falta de criterio y poca seriedad frente al compromiso asumido.

El Señor señaló que en el fondo de toda ruptura matrimonial hay dureza de corazón, que se manifiesta en obcecación y tozudez.

La familia es una institución divina que debemos respetar. Buscar la ayuda de Dios y la guía espiritual para resolver los conflictos y superar las diferencias es fundamental para formar familias sanas. Porque las dificultades siempre surgen, pero hay forma de afrontarlas como cristianos, honrando el compromiso asumido delante del Señor.

Cuidemos con esmero nuestras familias y tendremos la bendición de Dios sobre cada uno de sus integrantes.

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